lunes, 13 de abril de 2015

El señalador del camino

Muchos admiradores del Buda, por la comprensión que él tiene de la naturaleza humana, lo comparan con un médico que diagnostica y receta; un biólogo que estudia, clasifica e intuye la genética; un antropólogo que anticipa la evolución; un psicólogo que escudriña los rincones de la mente, o un psicoterapeuta que resuelve problemas emocionales.

Aunque existen interpretaciones de las enseñanzas del Sabio que validarían parcialmente estas similitudes, hay allí una buena dosis de generosa exageración. Más sentido tiene la pregunta, ¿son las enseñanzas una cierta forma de psicoterapia? La respuesta cautelosa es afirmativa. La ansiedad y el estrés -el ‘sufrimiento’ que el Buda busca eliminar- son disfunciones que existen desde mucho antes de que las palabras ‘psicología’ o ‘psicoterapia’ fueran acuñadas.
El tratamiento que el Buda recomienda para acabar con la ansiedad y el estrés paraleliza la secuencia común en la solución de complicaciones de salud: 1) Sintomatología: Existen la ansiedad y el estrés.  2) Diagnóstico: Tales males se originan en los deseos desordenados y las aversiones. 3) Pronóstico: La enfermedad es curable. 4) Prescripción: Existe un procedimiento -un camino- para eliminar las causas del padecimiento, esto es, la aplicación de ocho prácticas sensatas, de las cuales la atención plena, la séptima de ellas, es la más importante.

Entre las numerosas corrientes de psicoterapia (psicoanálisis, Gestalt, hipnoterapia, terapia grupal…), la terapia cognitiva es la más cercana a la atención plena. La terapia cognitiva sugiere que la modificación de los pensamientos dañinos -los causantes de la depresión y la ansiedad- corrige las emociones y los comportamientos perjudiciales. El énfasis, sin embargo, no se centra en los pensamientos individuales sino en sus patrones -las distorsiones negativas (generalizaciones, descalificaciones, personalizaciones…)- que son los causantes reales de los estados mentales nocivos.
La atención plena, por su parte, demanda la vigilancia imparcial y permanente de las sensaciones y de los estados mentales,  sin consideración alguna sobre su naturaleza, su causa o su efecto. Por ejemplo, para las sensaciones el individuo observa, sin elaborar juicio alguno, si estas son agradables, desagradables o neutras, o si son sutiles (casi imperceptibles) o  claras. Así mismo, para los estados mentales, la vigilancia se ejerce sobre la concentración o distracción mental, o sobre la presencia o ausencia de codicia, temores o sesgos mentales.

La atención plena, como hábito de la vida diaria, y la meditación,  como ejercicio dirigido a fortalecer la facultad de estar atentos, tienen una popularidad tan notable en la vida moderna que hasta la muy seria ‘Scientific American’ ha cubierto el tema desde el punto de vista investigativo. En una entrega reciente y con la cautela que la caracteriza, la revista norteamericana anota: “La meditación se ha abierto camino en el mundo secular como un medio de promover la serenidad y el bienestar general”. A continuación e insistiendo en la necesidad de someter los estudios a los rigores del método científico, la revista reconoce que las diversas prácticas desarrolladas por el Buda “proveen nuevas perspectivas a los métodos de entrenamiento mental pues tienen un potencial real para mejorar le salud y el bienestar humanos”.
¿Cómo se diferencian la psicoterapia, en general, y la práctica de la atención plena? El psicoterapista es parte integral de la terapia (hasta llegar a veces al extremo indeseable de dependencia paciente-consejero), ya que el profesional no solo la dirige sino que comparte la responsabilidad de los resultados. En contraposición, el desenlace de la atención plena como práctica continuada es responsabilidad exclusiva del practicante. El Buda es enfático en este punto.
En alguna ocasión un discípulo le pregunta al Sabio porque algunos seguidores de las enseñanzas logran eliminar el sufrimiento y otros, en cambio, fracasan en su propósito. Él responde: “Las instrucciones para llegar al final del camino hacia la cesación del sufrimiento son claras: Algunos las siguen adecuadamente y completan el viaje; otros las malinterpretan y se pierden. Si el mapa está preciso, ¿tiene el Buda culpa alguna de que muchos se confundan y no lleguen?”  “De ninguna manera”, responde el discípulo. “Las instrucciones son correctas y la responsabilidad de cumplirlas es individual”, reafirma el Maestro. Y agrega para cerrar la conversación. “Nada tiene el Buda que ver si alguien se extravía; el Buda solo es el señalador del camino”.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Hacia el Buda desde el occidente’

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