viernes, 28 de marzo de 2014

¿Pueden los ateos ser espirituales?

Diana Nyad no solo es la extraordinaria atleta que a los 64 años nadó los 177 kilómetros que separan La Habana de Key West, Florida, en 53 horas –casi un metro por segundo- sino también la escritora de tres libros, periodista de radio, conferencista motivacional, atea sensible y respetuosa y, en algún momento de su juventud cronológica, la número trece entre las mejores jugadoras de squash en Estados Unidos.
En una entrevista con Oprah Winfrey poco después de su hazaña en el Caribe, la nadadora dio una explicación de Dios que bien podrían examinar muchos creyentes, y la célebre presentadora y productora de la televisión norteamericana hizo un comentario que enfureció a más de un ateo.    
Dijo la deportista: “Puedo pararme en una playa con el más devoto religioso, sea cristiano, judío, budista…, llorar con la hermosura de este universo, y sentirme conmovida por la humanidad toda. Para mí, Dios es la humanidad y el amor a la humanidad.” El comentario de la devota Oprah al respecto fue lo que fastidió a los incrédulos: “Si usted aprecia el asombro, la maravilla y el misterio, yo no la considero atea”.
Tal vez con su frase la presentadora quiso enfatizar su propia religiosidad pero también pudo ser la oportunidad que ella vio en las palabras de la entrevistada para incomodar a los ateos quienes, comúnmente intelectuales, aumentarían con sus críticas el ‘rating’ de sus programas. Unos cuantos inconformes mordieron el anzuelo y reaccionaron con enfado.
A manera de ejemplo, Chris Stedman, humanista de Harvard, escribió en un blog de CNN: "La respuesta de Oprah Winfrey puede haber sido bien intencionada pero con ella borró la identidad atea de Diana Nyad, sugiriendo la incapacidad de asombro de los no religiosos -algo totalmente falso- que, para muchos ateos como yo, resulta ofensivo”. La mayoría de los ateos, sin embargo, no le paró bolas a la animadora; tales aseveraciones poco afectan a quienes, creyentes o incrédulos, son tolerantes con las opiniones ajenas.
Volviendo a Diana Nyad, impresionan la sensibilidad y la tolerancia que demostró en la entrevista. “De la creencia en una divinidad”, dijo, “se infiere la realidad de una presencia, de un creador o de un supervisor de nuestros actos; (a pesar de mi discrepancia) yo no critico a nadie porque nunca conoceremos la definición de la vida”. La atleta negó la incompatibilidad entre ser atea y ser espiritual: “Alguien puede ser ateo, y como tal objetar la presunción de un ser primordial, creador y vigilante de todo esto,” enfatizó. “No obstante, siempre hay espiritualidad, porque nosotros los humanos, nosotros los animales, -tal vez hasta podemos incluir a las plantas-, todos vivimos con algo que es apreciado y podemos percibir la riqueza que ello conlleva”.
Dos enunciados adicionales apoyan los razonamientos de la deportista. “Espiritualidad es nuestra conexión finita con lo infinito, nuestra experiencia temporal de lo eterno y nuestra aproximación relativa a lo absoluto” escribe con profundidad el filósofo contemporáneo francés André Comte-Sponville. “Espiritualidad es nuestra relación emocional con las preguntas que no tienen respuesta”, dice Jason Lanier, el científico norteamericano de la computación y uno de los pioneros de la realidad virtual.
La espiritualidad, según las tres definiciones, nada tiene que ver con la adhesión a grupos o causas. Los sufijos ‘ista’ e ‘ismo’, utilizados para múltiples propósitos (futbolista, consumismo), pueden volverse belicosos cuando reflejan afiliaciones. Al declararnos ‘istas’ (islamistas, racistas, socialistas…) o asociarnos con un ‘ismo’ (ateísmo, cristianismo, nacionalismo…) estamos separando, diferenciando, predefiniendo. Cuando dejamos las doctrinas y las creencias a un lado, estamos igualando, integrando, abriéndonos a la experiencia.
Espiritualidad, para consolidar y resumir, es nuestro asombro ante los incomprensibles misterios de la vida, la consciencia, la belleza y la inteligencia, y nuestra admiración misma por existir como una porción infinitesimal, evolucionada dentro de un cosmos extraordinario, cuyas leyes jamás comprenderemos por completo. No necesitamos, definitivamente no, creencia metafísica alguna para asombrarnos, maravillarnos o ser espirituales.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Hacia el Buda desde el occidente’

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